Pareidolia ~ fontcuberta

PAREIDOLIA

Exposición retrospectiva de Joan Fontcuberta en Bogotá

En noviembre de este año se inauguró la exposición Pareidolia de Joan Fontcuberta en el Museo del Banco de la República, en el centro de Bogotá. La exposición estará abierta hasta finales de febrero del 2017.

Pareidolia es una exposición antológica de algunas de las series más famosas del fotógrafo catalán, como Herbarium y Fauna, producidas en los años 80, Contelaciones y Sputnik presentadas en los años 90, y Milagros & Co., inaugurada a inicios de nuestro milenio.

img_2112En palabras del curador de la exposición, el galerista y artista valenciano Mira Bernabeu, se trata de la mayor retrospectiva de la obra de Fontcuberta organizada hasta el momento en América Latina. El creador de Herbarium ya estuvo en Bogotá en 2011, con motivo de la feria fotográfica internacional capitalina, motivo que análogamente le ha llevado a visitar otras ciudades latinoamericanas como Buenos Aires y Ciudad de México. Si bien la exposición temporal y permanente de sus obras se ha concentrado en Europa y Estados Unidos, a inicios de 2012 pudimos asistir a la presentación de una selección de su serie Fauna en el Museo del Chopo de la capital mexicana, y hace tan sólo dos años se exhibieron en Lima, ejemplos de algunas de las series que produjo en la década pasada, como Googlegramas y Orogénesis. Las recientes visitas de Fontcuberta a nuestro continente, han favorecido que algunos museos, como el del Banco de la República de Colombia, adquieran algunas de sus obras, aunque su presencia en las colecciones permanentes latinoamericanas es todavía anecdótica. 

La exposición inaugurada en Bogotá se encuentra en la gran sala del segundo piso del Museo del Banco de la República, dividida mediante tabiques expositivos en un recorrido contínuo de seis espacios, los dos primeros dedicados a la serie Fauna, seguida de un descansillo ocupado por Herbarium, la sala central para exposición de la serie Sputnik con un recoveco para Constelaciones, y desembocadura final en dos salas consagradas a Milagros & Co.

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Muestra de serie Fauna, con especímenes animales pertenecientes al Museo de Ciencias Naturales de la Salle.

Fauna expone los principales hallazgos del naturalista Peter Ameisenhaufen (1895-1955?) en el curso de su ortodoxa carrera profesional en el ámbito de la teratología y el post-darwinismo. Herbarium ofrece una taxonomía visual linneana y un homenaje a la obra de Karl Blossfeldt sobre las formas primordiales del arte modernista a través de la naturaleza vegetal post-industrial. Sputnik ilustra la mecánica celestial y terrenal de las misiones aeroespaciales soviéticas, ejemplificada por la malograda carrera de Ivan Istochnikov, redescubierta en la era post-Guerra Fría. Constelaciones ahonda en esa misma idea, mediante una mayor abstracción visual, que conecta las luces del cielo nocturno, con la entomología del parabrisas en la autovía post-mediterránea. Milagros & Co., habla de eso, de milagros y de compañías (religiosas) a través de la revelación de la superchería en la comunidad careliana de Valhamönde, en la edad de la post-verdad fontcubertina.

Durante las décadas pasadas, Fontcuberta realizó algunas de sus exposiciones en lugares como museos de ciencias, que favorecieron una interacción particular de sus historias fotográficas con los objetos y la propia narrativa de dichos espacios museísticos. En Bogotá no es el caso, pues las salas de exposiciones del Museo del Banco de la República tienen las características prístinas – aunque no neutrales – de la mayoría de museos modernos de arte.

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Algunos de los instrumentos provenientes del museo del Hospital San José, incluidos en la exposición de Fauna.

Sin embargo, la curadoría de la exposición hizo un esfuerzo por incorporar a la narrativa fontcubertina algunas piezas provenientes de museos bogotanos, como especímenes animales del Museo de Ciencias Naturales de La Salle, instrumentos de cirugía del Museo de Historia de la Medicina del Hospital San José y piezas librescas, manuscritas, pictóricas y cartográficas de la propia colección del Banco de la República. Hay que decir, que estas últimas están mejor integradas en la exposición, que los objetos menos tradicionales en la museografía artística contemporánea como los animales y los instrumentos, que podrían estar mejor ubicados, menos amontonados, más aprovechados o mejor articulados con la narrativa de la exposición.

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Muestra de la serie Herbarium.

Por su ubicación y exposición, las series Herbarium y Constelaciones son las que reciben menos atención en esta muestra antológica. Sin embargo, en nuestra opinión, la muestra de Herbarium es en gran medida la menos efectista pero la más interesante de todo el conjunto por su factura técnica, estética e ideológica.

En su charla de presentación de la exposición de Bogotá, muy similar a la que en su momento realizó en el Museo del Chopo en la Ciudad de México, Fontcuberta deshilvanó poco a poco la mecánica fundamental de su obra, puesta en acción de maneras diversas. En este caso, usó como ejemplo ilustrativo su serie Sputnik. Además revisó las últimas propuestas fotográficas que han captado su interés, ajustando el título de su charla al de su libro teórico más reciente, presentado también en Bogotá.

Como prestidigitador de la imagen y la palabra a caballo entre el siglo XX y XXI, Fontcuberta replica con fidelidad la analogía entre ciencia y magia que caracteriza el espectáculo público entre el siglo XVIII e inicios del siglo XX. El espectáculo de la ciencia en este período, con sus chispas, fantasmagorias y otros paradójicos efectos ópticos y sonoros, no incluyó sólo enigma sino también

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Izquierda: Ilustración del mecanismo de fantasmagoria ideado por John Henry Pepper, extraída del frontispicio de The Magic Lantern: How to Buy and How to Use It; Also How to Raise a Ghost. 1876. London: Houlston and Sons. Derecha: Harry Houdini con (fantasmagoria de) Abraham Lincoln. ca. 1920-1930. The American Variety Stage: Vaudeville and Popular Entertainment, 1870-1920, Library of Congress.

pedagogía. Los demostradores públicos de la ciencia, pusieron empeño en explicar los trucos de sus espectaculares efectos físicos y químicos, inmediatamente después de haber asombrado a sus audiencias. Fontcuberta aplica el mismo esquema pero suele revelar sus verdades con pistas de lo inverosimil insertadas en sus narrativas, y explicaciones directas al final de las conferencias inaugurales de sus exposiciones. Para no ser actor, comunica bastante bien sus imposturas intelectuales, aunque a esta altura de su carrera en que la dramaturgia ha cobrado un papel tan importante, quizá podría desarrollar mejor sus representaciones dramáticas.

Fontcuberta recurre a fuentes populares de la ciencia. Baste mencionar la cita articuladora de su texto en el catálogo de la exposición, al museólogo de pesebre Jorge Wagensberg. Quizá también, su

perrita-chico-cohete fascinación por la ciencia venga de lecturas en la infancia que junto a clásicos de la literatura juvenil como los libros de Julio Verne, pudo haber recalado en libros de divulgación científica y ciencia ficción (tan políticos como la investigación científica), como La Perrita, el Chico y el Cohete (1960) publicados en castellano por la editorial Progreso en Moscú. Este es un interrogante que nos parece particularmente importante y que incluiriamos en cualquier entrevista a realizar al Sr. Fontcuberta.

La obra de Fontcuberta consigue en parte desmitificar el trabajo científico mediante una parodia mitificante de los elementos básicos de esta actividad humana, desde el punto de vista del público. No esperen sin embargo encontrar epistemología de altos vuelos, aunque sí ideas efectivas e inteligencia de espectáculo. La acción más vigorosa del trabajo de Fontcuberta se sitúa en su crítica a los medios de comunicación y a la ingenuidad del público. De una exposición como esta saldremos divertidos, maravillados y quizá concienciados, si logramos pasar de la broma excepcional a la política cotidiana. En el fondo, como aquellos demostradores especulativos de antaño, el artista catalán nos revela sus trucos para denunciar la peligrosidad de los medios en connivencia con la credulidad del espectador domesticado.

Se nos presentan mayores dudas sobre el mensaje que quiera ofrecer sobre los fundamentos de la actividad científica. Más bien parece que desenmascarar la superchería no tiene para él el objetivo de hacer tambalear la supuesta objetividad y neutralidad política de la ciencia (credo de la mayoría de científicos), sino distinguir la buena de la mala ciencia. Nos preguntamos si el mundo de Fontcuberta es un mundo sin verdades o por lo menos sin verdades absolutas, o por el contrario, un mundo en el que cuesta llegar a la verdad pura, al estar adulterada por múltiples falsificaciones que la buena ciencia podrá distinguir por tener capacidades especiales para separar la paja del trigo.

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La serie Milagros & Co.

La ciencia presentada en las series Fauna, Herbarium, Sputnik y Constelaciones no es diferente del conocimiento presentado en Milagros & Co., aunque el tratamiento en esta última serie sea mucho más paródico que en el resto. Nos quedamos pensando en la cuestión de qué lugar ocupa para Fontcuberta, no únicamente la fotografía, sino también la ciencia en el árbol de la verdad.

El catálogo de la exposición, de dimensiones especialmente manejables, incluye además de impresiones de las obras expuestas y otras obras conectadas pero no incluidas en la exposición, e imágenes de algunas otras exposiciones realizadas en Europa, un conjunto de tres textos introductorios firmados por Paula Ronderos, el propio Joan Fontcuberta y Valentín Roma.

Con una escritura plena en imágenes, Ronderos pone el dedo en la llaga al trasladar su visión de Fontcuberta a los problemas epistemológicos de la historia natural de ese pequeño rincón llamado la vieja Europa, al enfrentarse durante el siglo XVI a América. En una charla realizada en el contexto de la programación asociada a la exposición, Ronderos sugirió la necesidad de borrar: Borrar las taxonomías naturales europeas para crear las americanas, pero también borrar las categorías historiográficas occidentales para construir las colombianas o latinoamericanas. En su capítulo, Fontcuberta repasa algunas claves conceptuales de su obra y expresa su preocupación e interés en el desborde de la imagen digital y la creciente omnipotencia de internet. Por su lado, Roma, ofrece una sintética caracterización de la obra de Fontcuberta y de las series presentadas en la exposición, con inflación de referencias autorales a la imagen fotográfica o animada y más allá, con un poquito de sociología, filosofía y literatura a la carta, perdón, à la carte. El segundo y tercer ensayista coinciden en la abundancia de lo fake, vraix-faux, mise-en-scène, coup d’effet, storytelling, agit-prop, assemblages, clown, hacker, environments, o gadgets. A menudo los árboles no dejan ver el bosque.

Nos preguntaremos si la visión fontcubertina de la flora y la fauna es universal o si es aristotélica, si se trata de un Plinio, de un Fernándezdeoviedo, o de un Franciscohernández de la cámara, si sus ficciones son aborígenes o criollas, si son locales, nacionales o globales, si son adultas o juveniles. Sus historias selváticas imaginan lugares, por ejemplo de nuestra nación, con un candor exótico que ya hace casi un siglo dejaron atrás La Vorágine o Toá y que la actualidad del noticiario colombiano no hace más que contrarrestar. Quizá Fontcuberta sea más un Emiliosalgari de la fotografía que un Joséeustasiorivera del paisaje social y medioambiental.

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Sala central con la serie Sputnik.

Análogamente, la excelente Sputnik explota algunos lugares comunes de la Guerra Fría sin ser una conmovedora crónica Milankundera. Para alguien preocupado por el ascenso de Trump (lugar común en la charla de inauguración de la exposición de Bogotá), reirse de los rusos quizá pueda ser demasiado recurrente o sencillo, a pesar del evidente misterio que despierta la antigua potencia soviética en otros lugares del mundo y del secretismo que a menudo rodea la ciencia de estado aquí, allá y acullá.

Recordamos con emoción la visita a la exposición de Fontcuberta Història artificial en el Institut Valencià d’Art Modern, con nuestro colega Ribes Larguier, allá por 1992. Entonces el misterio rodeaba a las obras de este artista, y el joven espectador, imaginativo pero ingenuo, aventurero pero poco viajado, se enfrentaba como podía ante los retos de la narrativa fontcubertina. Después de varias décadas, la sensación es que se afirmó más la parodia que el misterio, el entretenimiento sobre la crítica. Porca miseria, la mirada envejece, el mundo se complica. Pero siempre habrá públicos nuevos y miradas nuevas que verán con nuevos ojos la inteligencia de algunas de las producciones de este fotógrafo y teórico.

En resumen, una exposición imprescindible para el público bogotano y todos los colombianos o latinoamericanos de paso por la capital andina de nuestra república caribeña.

Raimundo Russi

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