Reseña de Los signos: El médico y el arte de la lectura del cuerpo (2006) de Karin Johannisson

Saúl Camelo, Margarita Ramos, Daniel Ruiz*

En el libro “Los signos: el médico y el arte de la lectura del cuerpo”, Karin Johannisson busca describir la evolución del método mediante el cual el médico percibe y construye los signos como una señal o rasgo de la enfermedad que se expresa a través del cuerpo. Así, en el transcurso de esta reseña se explicará cómo el significado de los signos ha sido alterado por el contexto socio-histórico en el que se desarrolla la relación médico-paciente.

En la búsqueda de la etiología de la enfermedad, hasta el siglo XIX la medicina no contemplaba el contacto directo con el cuerpo del paciente, bastaba con escuchar el relato del mismo, examinar sus fluidos corporales y observar los signos que se manifestaban en el exterior del cuerpo. El pulso, por ejemplo, permitió entonces definir la enfermedad, el carácter y la personalidad del paciente.

Por el contrario, con el nacimiento de la clínica durante las primeras décadas del siglo XIX, el paciente se transforma en un objeto del saber sometido a una normativa social, que permitía el estudio del cuerpo respaldado por un marco científico. En esta transición se vieron implicadas nuevas técnicas de diagnóstico que significaron un nuevo tipo de autoridad en la práctica médica. Es en ese contexto que Johannisson plantea la pregunta: “¿Qué pasa, en realidad en el espacio donde se efectúa el reconocimiento médico?”. El médico realizó una serie de técnicas que buscaban visualizar los órganos al interior del cuerpo mediante el uso de los sentidos. Además, al observar el exterior del cuerpo era fundamental identificar y clasificar a los dolientes por medio de la fisonómica, los tipos, la biología racial y su constitución, facilitando así el diagnóstico. No obstante, ésto dio pauta a la discriminación y a la eugenesia, incentivando abortos y esterilizaciones. Inclusive, la clínica llego a ser utilizada como instrumento político para promover la salud del cuerpo trabajador convirtiéndose en una cuestión de importancia nacional porque correspondía a un símbolo de poder y producción. De este modo, detrás de la clínica también actuaban diversos requerimientos pertenecientes a la demografía.

Para acercarse de una manera más eficiente al enfermo, el médico necesitó desarrollar cualidades tanto físicas como emocionales convirtiéndose así en un ser empático pero con una expresión neutra. Por consiguiente, la expresión de asco por parte del médico debía ser anulada para poder reconocer el ambiente y la vida laboral a la cual está sujeto el paciente. Esta mirada de la suciedad sufre un cambio en la era higiénica generando un concepto de inmoralidad. Sin embargo, la bata blanca no solo surgió como resultado de la búsqueda de higiene sino como una nueva insignia de autoridad.

La manera en que Karin Johannisson guía al lector mediante su descripción detallada y sencilla, permite visualizar los contextos en los cuales está inmerso el proceso de transformación y el cambio de paradigma que sufre la percepción de la enfermedad a través de los signos. Asimismo, la autora logra articular de manera consecuente cada uno de los sucesos importantes en el desarrollo de una nueva forma de entender la relación médico-paciente.

El texto invita a reflexionar cómo la mirada guía la realidad del cuerpo, es decir, que existe una interpretación relativa de un paciente dependiendo del tiempo y el conocimiento, entendiéndose esto como una historicidad de las percepciones. Ahora bien, la concepción de la enfermedad construida desde la cultura también incita a pensar si cambia la patología o simplemente el modo de describirla; entonces, es preciso considerar que el diagnóstico estaba sujeto a cada cuerpo y vida individual. En este sentido, el lenguaje del dolor fue un componente decisivo para determinar el tipo de enfermedad, en contraste con la contemplación actual del dolor, donde prima la desconfianza y en muchos casos se considera erróneamente como signo independiente de la enfermedad misma.

En este recorrido histórico de la práctica médica, la distinción entre la medicina y la cirugía contribuyó en gran medida al significado perjudicial que se le asignó al contacto directo con el cuerpo del paciente. Fenómeno cuyas repercusiones reverberan en la actualidad, pues existe una desconexión con el paciente que a menudo es considerado como un objeto de estudio al cual simplemente se le piden exámenes diagnósticos, dejando de lado la interacción corpórea por parte del médico con el examen físico. A su vez, con la introducción de técnicas como la auscultación mediata por parte de Laennec y sus seguidores, se influyó también en la relación médico-paciente al modificar el significado habitual del encuentro de un cuerpo con otro, lo que contribuyó en cierto grado a deshumanizar la práctica, pero al mismo tiempo acercar la enfermedad. Esto demuestra cómo mediante la lectura del enfermo, se fue reduciendo progresivamente a la persona detrás del cuerpo: De este modo el centro de la gravedad residía en el modo en que se percibía la enfermedad y no el padecimiento en sí, práctica común hoy día donde el médico se limita a revisar resultados del laboratorio para recetar un medicamento y “curar” al paciente.

Hasta cierto punto, el texto de Johannisson mantiene una intensidad necesaria para atrapar al lector durante los primeros cuatro capítulos. Esta fuerza parece diluirse en el quinto capítulo, en el cual el tema es monótono respecto al desarrollo de sus ideas, tornando así la lectura en algo displicente.

En conclusión, Johannisson posibilita dimensionar la complejidad que hay detrás del ejercicio médico que se realiza. Esto debido al recorrido que hace el texto en torno a los signos durante las distintas transformaciones que sufren los mismos durante el periodo de inicios del siglo XIX y mediados del siglo XX. Tiempo en el cual nacen las raíces de la medicina contemporánea, en la que reina una práctica deshumanizada, estoica y comercializada no solo por el sistema de salud  sino también por las farmacéuticas.

Notas

* Esta reseña (del libro Johannisson K. Los signos: El médico y el arte de la lectura del cuerpo. Barcelona: Melusina, 2006) fue realizada en el contexto del curso Sociohumanismo I (4° semestre Medicina, Universidad del Rosario) en marzo de 2017.

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