Los signos y el habitus

Manuela Baquero, Marcela Estrada y Sandra Saumett*

En Los signos, Karin Johannisson hace un recorrido histórico desde principios del siglo XIX hasta mediados del XX, que aborda críticamente el encuentro entre médico y paciente y la manera en la que el cuerpo se formalizó en el examen físico. A lo largo del libro se hace énfasis en tres ideas: la transformación del cuerpo del paciente en objeto de estudio, la forma en la que el médico se reinterpreta a sí mismo por medio del examen del paciente, y el reto de la objetividad en el diagnóstico médico.

Para un estudiante de cuarto semestre de medicina, que está aún lejos de obtener un título profesional, pero que ya ha podido tener un poco de contacto con la inmensa diversidad de discursos médicos, este libro sirve como una guía de análisis retrospectivo del conocimiento que ya se tiene. En él, se critica la construcción de una ciencia que ha involucionado hacia la deshumanización del paciente y la glorificación de la enfermedad.

La medicina se ha configurado como un quehacer enmarcado bajo un concepto de superioridad, que esconde diversos matices acerca de la percepción médica de la enfermedad. Johannisson retrata de forma admirable un paralelo entre el ideal y la realidad de lo que es ser médico. Así, contrasta una imagen de semidiós impasible con la de un mortal con sentimientos como la repulsión y aversión hacia el cuerpo humano.

Gran parte de los textos que analizan la medicina como fenómeno social son guiados por acontecimientos socioeconómicos que marcan las épocas. Para Bynum (1), el hilo conductor son los espacios. En Los signos, más que los personajes, es decir, el médico y el paciente, son sus sensaciones mismas las que toman protagonismo. Johannisson se introduce en la relación médico-paciente como en un túnel de comunicación, y nos ubica en los dos extremos de éste: el cuerpo del médico y el cuerpo del paciente. El texto nos lleva en dos direcciones y construye así la unión recíproca entre los dos personajes que, a pesar de ser inherente a la medicina, ha mutado considerablemente a lo largo de la historia. Para ilustrar conceptos abstractos de la epistemología médica, se utilizan ejemplos reales, médicos y pacientes con nombre, apellido y contexto, que la autora denomina intermezzos, y que logran acercarnos más a los matices de la realidad.

Según los datos que proporciona esta edición, Karin Johannisson es una académica especializada en la historia de la medicina desde la perspectiva de género. Es hija de una mujer que fue estudiante de medicina, pero cuyo deseo se vio frustrado por una guerra. Siendo tan fuerte su relación personal y profesional con las mujeres en la medicina, uno se pregunta por qué no se explora más en este libro la representación del cuerpo de la mujer médica. Es cierto que habla de la relación jerárquica y sexista hombre médico vs. paciente mujer, y que retrata las experiencias relacionadas con el examen ginecológico. Evidentemente hace énfasis en la masculinidad del médico, y en cómo la proyección que el mundo le exige se inscribe dentro de un paradigma androcéntrico, pero se queda corta para relacionarlo con la forma en que este fenómeno afecta a una mujer médica. ¿Quiere dejarlo como reflexión personal al lector? ¿Es tan extenso el tema como para tratarlo aquí tan superficialmente?

El libro está atravesado por la observación del dilema médico moderno que surge posterior a los ideales de la medicina que postulan Sydenham y Bichat (2). El médico ha confrontado, y lo sigue haciendo, esta disyuntiva en la que se busca la universalidad del diagnóstico a la vez que se pretende tener una práctica individualizada con cada paciente. La clínica ofrece innumerables objetos de estudio que permiten extraer un estereotipo para cada enfermedad, pero a la vez contiene una gran diversidad, que debe ser estudiada individualmente. Los signos nos muestra que la clínica y el laboratorio no son marcos tan diferenciados como lo plantea Bynum (2,3), sino que son uno solo. Ambos pretenden crear el espacio y las herramientas para que la medicina sea lo más objetiva posible y la transición clínica-laboratorio no es más que una transferencia de responsabilidad: “El laboratorio tuvo que hacerse cargo paulatinamente del problema: la medicina trasladó aquí su sueño de objetividad cuando el cuerpo del médico se demostró poco fidedigno” (4).

Un ejemplo de la confrontación interna del médico se puede ver en el trabajo anatomo–clínico e investigativo realizado por Charcot y Freud, quienes por medio de su especialidad clínica intentaron construir una base sólida acerca del conocimiento clínico en el siglo XIX (5). Freud y Breuer publicaron sus estudios sobre la histeria, basándose en los relatos de las pacientes, del mismo modo que se hacía antes de la modernidad, más que en la representación visual de sus cuerpos.  Por el contrario, Charcot utilizó la fotografía e iconografía para registrar la información extraída del examen físico de los pacientes (5,6,7), ¿Por qué fue considerada más relevante la fotografía que el uso de relatos orales o literarios? Ambos eran instrumentos de análisis, pero así como en la medicina actual hacer un parcial de orina se considera más objetivo que probarla, la fotografía acabó considerándose más imparcial que el relato a la hora de realizar un manual práctico de diagnóstico.

Bourdieu, uno de los representantes de la sociología contemporánea, plasma en su obra el concepto de habitus como la subjetividad socializada en donde un grupo de personas, en este caso el gremio médico, permanecen anclados a un espacio del campo social determinado y se desenvuelven de manera innata (8). Sin embargo, actualmente el comportamiento, que se espera tenga una estructura individual y autónoma, tristemente se guía por afinidades electivas que son el producto de una empresa de aprendizaje, que utiliza la sociedad para ejercer control y apropiación sobre la población. Para Dewey, se puede tomar el concepto del hábito como una conducta adquirida desde la realidad social a la que se enfrenta el individuo (9). Lo anterior ha generado una devaluación de la relación médico- paciente. Por lo tanto, la reforma pedagógica que se está implementando actualmente en los programas de medicina debe ser hecha con mayor profundidad, al igual que se deben tener en cuenta las necesidades en la salud pública colombiana. La situación económica, legislativa y social del país no permite que el tiempo empleado en una consulta médica de una EPS supere los 20 minutos. Es por esto, que en muchos casos un médico general ha dejado de practicar su profesión para convertirse en “remitólogo”. Es aquí en donde la fisionómica en la que se insiste en Los signos cobra importancia con el fin de leer e interpretar al desconocido que se tiene en frente. Puede ser relevante ver al paciente como objeto si lo único que queremos hacer es biologizar, pero no podemos dejar de establecer la “contemplación mutua” (4).

Si hacemos un análisis desde una perspectiva sensualista, los sentidos son el medio de exploración del mundo del médico como individuo. El olfato, entre todos ellos, vendría a ser el que nos ancla a lo más visceral de nuestro ser, pero a la vez a lo más sublime y sensible, es decir, las percepciones y los sentimientos que consideramos más humanos. Así como la neurociencia describe la conexión olfato-emoción-memoria por medio del concepto de sistema límbico, y de la misma forma en que Proust  lo  ilustra con el recuerdo evocado por la magdalena (10), Johannisson se acerca a esta conexión entre los sentidos y la percepción del mundo cuando indaga sobre ellos. Los sentidos resultan la forma en la que el médico se relaciona íntimamente con su profesión. Un título alternativo para este libro podría haber sido “Los sentidos: el médico y el arte de la lectura del cuerpo”.

En su trabajo, Johannisson pretende desentrañar el significado de los signos: “El signo es la expresión de la enfermedad tal y como la registra el médico. Mientras que el síntoma es, el signo señala algo más allá de sí mismo”. Cuando se utiliza el cuerpo del médico para analizar al paciente, se pretende llevar la relación a lo más profundo posible, alcanzar la “compenetración desinteresada”: ser imparcial y universal en el diagnóstico, pero ir a lo más íntimo de la individualidad. Aunque los signos son el resultado de la objetividad en el lenguaje semiológico (valga la redundancia), los sentidos no son sólo el método de exploración del paciente, sino que son el elemento clave de humanidad que impide que la medicina sea fría de manera excesiva y simplista.

Para los médicos, este libro es un llamado de alerta: No se puede abandonar la humanidad en el proceso de búsqueda de objetividad. Transponiendo al presente la historia narrada por Johannisson, podemos afirmar que “El relato acerca del cuerpo que se revela a través de los sentidos del médico está desapareciendo. Por eso mismo hay que fijarlo.”

Bibliografía

1. Bynum, W. (2008). The History of Medicine: A Very Short Introduction (1a). New York: Oxford University Press.

2. Bynum, W. (2008). Medicine in the Hospital. In The History of Medicine: A Very Short Introduction (1a, pp. 43–68). New York: Oxford University Press.

3. Bynum, W. (2008). Medicine in the Laboratory. In The History of Medicine: A Very Short Introduction (1a, pp. 91–118). New York: Oxford University Press.

4. Johannisson, K. (2006). Los signos: El médico y la lectura del cuerpo (1a). Barcelona: Melusina.

5. Marneffe, D. de. (1991). Looking and Listening: The Construction of Clinical Knowledge in Charcot and Freud. Signs, 17(1), 71–111.

6. Aguilera, J. F. C. (2012). Charcot y su Legado a la Medicina. Gaceta Médica de México, 148, 321–6.

7. Thorburn, A. L. (1967). Jean Martin Charcot, 1825-1893. An appreciation. British Journal of Venereal Diseases, 43(2), 77–80.

8. Swartz, D. L. (2002). The Sociology of Habit: The Perspective of Pierre Bourdieu. The Occupational Therapy Journal of Research, 22(Supplement), 61S–69S.

9. Gomes, A. P., & Rego, S. (2013). Pierre Bourdieu and medical education. Revista Brasileira de Educação Médica, 37(2), 260-5.

10. Marcel Proust (1919). À la recherche du temps perdu: Du côté de chez Swann. Paris: Gallimard [1a Paris: chez Grasset].

Notas

* Esta reseña fue realizada en el contexto del curso Sociohumanismo I (4° semestre Medicina, Universidad del Rosario) en marzo de 2017.

Advertisements

Leave a Reply

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out / Change )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out / Change )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out / Change )

Google+ photo

You are commenting using your Google+ account. Log Out / Change )

Connecting to %s