Descifrando el ser a través del cuerpo

Juanita Castellanos de Brigard

Angela Estévez Silva

Edgar Felipe Castillo Carrillo*

Karin Johannisson en el libro ‘Los signos: El médico y el arte de la lectura del cuerpo’ desarrolla una descripción basada en la evidencia histórica acerca de los métodos que el médico ha empleado para abordar el cuerpo del enfermo complementándolo con el punto de vista del paciente. Se aproxima desde diferentes perspectivas mediante las cuales se abarcan ámbitos sociales, económicos, culturales y políticos que rigen la evolución de la relación entre el médico y el paciente.

Johannisson introduce el tema haciendo una breve revisión del mismo desde la Antigüedad hasta comienzos del siglo XIX. Durante este período describe tres técnicas principales para la compresión de la enfermedad utilizadas por el médico. La primera consistía en escuchar detalladamente el relato del paciente acerca de su padecimiento con el fin de comprenderlo más a fondo. La segunda se basaba en la semiótica, es decir la construcción e interpretación de los signos, con el propósito de establecer un pronóstico de la enfermedad mas no un diagnóstico. La tercera y última relata cómo el contacto directo con el paciente fue un método usado aunque  estrictamente limitado por las creencias sociales de la época sobre el cuerpo. Como la autora anota: “Las partes del cuerpo ocultas por la ropa o las sábanas permanecían cubiertas.” Inicialmente el único contacto corporal que tuvo el médico con el paciente fue para la toma del pulso y la extracción de sangre. Más adelante con el desarrollo moderno de la medicina clínica esto cambió fundamentalmente.

Continuando con la historia, el libro narra cómo el nacimiento de la clínica a comienzos del siglo XIX marca un hito en donde se revoluciona la manera en la que el médico se acerca al cuerpo del paciente. Los relatos extensos por parte del enfermo terminan y el contacto físico de médico-paciente se vuelve una práctica rutinaria y cada vez más aceptada, a pesar de que inicialmente era bastante discutida, como suele pasar en el contexto de un cambio de paradigma. Con esta modificación en la manera de interactuar con el paciente, el médico debía usar todos sus sentidos ya que cada uno podía proporcionar determinados elementos para examinarlo: “Barre el cuerpo con su mirada, escucha, percute, palpa, busca signos. Es este tipo de contacto el que confiere al médico su poder y autoridad”.  Sin embargo, muchos creían que el gusto o el olfato no eran tan efectivos mientras que la vista y el tacto se volvieron determinantes.

En este mismo orden de ideas, se hace fundamental la vista como herramienta de evaluación del paciente. El rostro y la constitución se convierten en métodos de clasificación que permiten determinar las patologías y afecciones a las cuales el paciente está sometido: “Era como si la medicina de esa época viviese un furor icónico, como si Ia mirada debiese fijar de una vez por todas lo que era indistinto y defectuoso en el cuerpo y establecer los límites de la normalidad”. Esta misma clasificación genera estereotipos que terminan siendo foco de interés político y social atribuyéndole ciertas características a grupos no deseados con el fin de excluir y perseguir. Instrumentos como la fotografía denigran al paciente, se pierde la visión de persona y se empieza a percibir  al individuo más como un objeto de estudio. Por otro lado, el progreso científico y el entendimiento de la etiología de las enfermedades da paso al laboratorio que determina una involución en cuanto a la relación médico-paciente puesto que vuelve a perder importancia el contacto entre las dos partes.

La autora utiliza recursos como registros médicos de la época, o la exposición de diferentes eventos y casos particulares que contextualizan históricamente al lector y le permiten situarse en cada época. Esto, junto con la distribución de los temas principales en capítulos, posibilita entender la mirada que tenían tanto el paciente como el médico durante lo que se constituyó a través del tiempo como el examen físico. A diferencia de los libros científicos y otros textos históricos que hablan de los signos, este se ocupa también del cuerpo del médico como participante en el acto mismo de examinar; explora su actitud, su apariencia física, sus maneras, sus palabras y su lenguaje no verbal, dando una visión interesante y novedosa no solamente para el médico sino para el público en general, ya que en algún momento de la vida todos los seres humanos llegamos a ser pacientes.

Desde la perspectiva médica realizar el examen físico en un paciente puede considerarse un acto mecánico y objetivo. Es interesante y revelador cómo a partir del punto de vista de Johannisson como especialista en la historia de la medicina, se puede ahondar en todos los aspectos sociales, culturales y políticos que hay alrededor de una práctica tan cotidiana para los médicos. El libro permite analizar este aspecto de la medicina no solo en cuanto a lo científico sino en lo referente a la antropología, retomando el humanismo que caracterizaba al médico en sus comienzos y revelando cómo éste se ha perdido a través de los años. El enfoque proporcionado por la autora invita a analizar desde una perspectiva sociológica otros aspectos de la medicina y a recuperar esa empatía e importancia que le daba el médico al paciente en los inicios de la historia.

Notas

* Esta reseña fue realizada en el contexto del curso Sociohumanismo I (4° semestre Medicina, Universidad del Rosario) en marzo de 2017.

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