Reseña de Los signos de Johannisson, por Laura Valderrama, Melanie Guerrero y Sofía González

Laura Valderrama, Melanie Guerrero, Sofía González*

 

Al escoger el título Los Signos. El médico y el arte de la lectura del cuerpo la historiadora Karin Johannisson nos presenta una perspectiva integrada de la historia de la medicina que busca que el lector reflexione frente a las visiones de la práctica médica estereotipadas por la sociedad. El objetivo de este libro es relatar e ilustrar la transición histórica del acto médico desde la Antigüedad hasta principios del siglo XX, en el que se evidencian cambios a través de la historia como la evolución de las herramientas diagnósticas, la jerarquización de las clases sociales y su implicación en la práctica médica, los diversos escenarios de la consulta médica, la reglamentación del ejercicio médico, sus implicaciones éticas, morales y su impacto sobre la relación médico-paciente. Con el fin de lograr una comprensión adecuada de estos procesos históricos el libro combina a lo largo de cinco capítulos textos primarios y secundarios, fotografías reales y casos particulares aplicables a cada contexto.

En la Antigüedad, el médico era una figura dotada de conocimientos y experiencias que le proporcionaban herramientas para “resolver enigmas que causaban estragos en los cuerpos de los enfermos” (Johannisson, 2006, pg.51) lo que le concedía una reputación alta.  La principal herramienta diagnóstica utilizada por el médico antes del siglo XIX era el relato del paciente, puesto que se tenía una concepción de la enfermedad ligada a los sentimientos y experiencias propias de éste. A lo largo del siglo XIX los médicos fueron entrenando sus sentidos como nueva herramienta diagnóstica, sin embargo, la agudización de los mismos dificultó su acercamiento al paciente debido a la aparición de una nueva barrera representada por la mugre y el asco. Estos dos conceptos magnificados por sentidos subjetivos como el gusto y el olfato, fueron acentuando estereotipos frente a las clases sociales, generando de este modo una atención diferente según la posición social. Dicha inequidad en la práctica médica desató una jerarquización de los pacientes que repercutió en todos sus ámbitos, pues las clases sociales bajas se vieron sometidas a tratos inhumanos e indignos, lo que los convirtió en objetos de la ciencia, arrebatándoles la autonomía sobre su propio cuerpo e identidad.

Además de los sentidos subjetivos usados en el entendimiento de la enfermedad, los de mayor utilidad y relevancia fueron el tacto y la vista, pues con ellos surgió un lenguaje estandarizado que permitió objetivar el diagnóstico. No obstante, el tacto también representó una amenaza para el cuerpo femenino dado que la intimidad de la mujer fue expuesta deliberadamente, avergonzándola y quitándole el pudor que se le había inculcado. Ser tocado por el médico bajo el contexto clínico acabó siendo considerado aceptable, sin embargo, este acto médico se vio obligado a profesionalizarse por medio de una normatividad en donde se le exigió al médico una relación libre de erotismo.

Con el paso del tiempo la “mano al palpar se transformó en un ojo” (Johannisson, 2006, pg.142) con el fin de acercarse al sentido que proporcionaba mayor objetividad para diagnosticar al paciente: la vista. Este le permitió al médico traspasar las barreras físicas del paciente y ver lo que antes era invisible, es decir su alma. A finales del siglo XIX y principios del XX el desarrollo de la fotografía clínica y el retrato fotográfico respectivamente, permitió una extensión de la vista utilizada como herramienta para sistematizar y categorizar las enfermedades basándose en el análisis del rostro y la complexión del paciente, introduciendo así un nuevo método diagnóstico: el visual. La diferencia entre el retrato y la fotografía radicó en que esta última representaba lo particular y no lo típico y se convirtió en una manera de captar una enfermedad o realidad y congelarla en el tiempo, permitiéndole al médico resaltar lo que consideraba como relevante de la enfermedad. Contrario a lo que se podía pensar, con la mímica y las facciones anatómicas del paciente no solo se pudo determinar lo externo sino también su personalidad y asignarle estereotipos que muy probablemente no le correspondían.

Este nuevo uso de los sentidos se tradujo en prácticas como la palpación asociada al tacto y la auscultación y la percusión al oído, que por medio de nuevos instrumentos como el estetoscopio creado por Laennec, abrieron un nuevo mundo de signos que sólo el médico era capaz de entender. Para la comprensión de todos los médicos, se creó un lenguaje estandarizado por medio de analogías cotidianas, permitiendo la reproducción de la técnica en diferentes sociedades.

El libro tiene una narrativa cautivadora al no contar exclusivamente la historia de este proceso de forma sistemática y cronológica, sino al situar al lector en diferentes contextos históricos permitiéndole comprender por qué y cómo se realizaban los diferentes tipos de diagnóstico, tener una escena panorámica de lo que sucedía y recorrer la historia de la mano de la autora. Dentro de los cambios históricos presentados en el texto, es interesante ver cómo inicialmente tocar a los pacientes estaba prohibido, pero con la introducción de un contexto clínico éste se fue volviendo un comportamiento aceptable porque permitía dar un diagnóstico más acertado de la enfermedad y de esta forma dio paso a la profesionalización del acto médico. Además, permite que el lector se sienta identificado con situaciones a las que se puede ver enfrentado en la cotidianidad, como la vergüenza de exponer su cuerpo ante un extraño y permitirle al médico visualizar cosas que ni él mismo sabe que posee. Teniendo en cuenta lo anterior, aunque el modelo inicial hipocrático era útil para la época, hoy día se considera de gran relevancia el examen físico realizado al paciente sin dejar de lado la importancia que se le da al relato del mismo, siendo cada vez más dirigido, y conocido hoy en día como la anamnesis.

Después de analizar el proceso histórico del acto médico se puede ver que éste fue influenciado por un contexto social y de poderes; También es posible ver cómo el desarrollo de los sentidos y del examen tanto externo como interno del cuerpo se llevó a cabo junto con el nacimiento de la clínica, en el cual se pasó de un lugar público a uno privado donde las reglas de la sociedad y la cotidianeidad cambiaron. Este libro nos enmarca en la historia de la medicina de una época y un territorio determinado, es decir nos proporciona una visión subjetiva y puntual de lo que se conoce hoy en día como el acto médico, pero es importante saber que éste ha sido un proceso dinámico y cambiante en todo el mundo, lo que precisamente hace que la historia sea única y que debamos indagar por otras visiones, prácticas, actores y ayudas diagnósticas desarrolladas a través del tiempo.

 

Referencias

Johannisson, K. (2006). Los signos: El médico y el arte de la lectura del cuerpo. Barcelona: Melusina.

Notas

* Esta reseña (del libro Johannisson K. Los signos: El médico y el arte de la lectura del cuerpo. Barcelona: Melusina, 2006), fue realizada en el contexto del curso Sociohumanismo I (4° semestre Medicina, Universidad del Rosario) en marzo de 2017.

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