Rayos X ~ Melanie Guerrero

RAYOS X

Melanie Guerrero Garavito*

 

Desde tiempos muy remotos, el ser humano mostró un interés por conocer su interior y por adentrarse en lo que en algún momento se consideró inaccesible ante los ojos de cualquier observador. Este interés confluyó decisivamente en las consecuencias de las investigaciones desarrolladas en 1895 por el físico alemán Wilhelm Röntgen, que contribuirían a hacer visible lo invisible gracias al descubrimiento de los rayos X. Dicho descubrimiento, se acompañó de un cierto grado de azar, pues una tarde Röntgen, que venía mostrando interés por los efectos que producían algunas descargas eléctricas en los tubos de Crookes, cubrió uno de esos tubos con papel negro y accidentalmente gracias a unos cristales con propiedades de fluorescencia, notó que era posible adentrarse en el interior de los cuerpos, incluso de los vivos, gracias a unas ondas electromagnéticas producidas por la emisión de electrones internos del átomo.

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Figura 1: Seis radiografías/fotografías de distintos objetos representando las múltiples aplicaciones de la nueva tecnología.

Inicialmente el descubrimiento de Röentgen no tuvo mucha acogida por la identidad misteriosa y por el temor que generaba esta nueva tecnología, pues se creía iba a irrumpir en la privacidad del ser humano.  Sin embargo, con el tiempo distintas disciplinas y actores, al reconocer su utilidad, se fueron empoderando de este descubrimiento, asignándole múltiples aplicaciones en distintos ámbitos (Fig.1)

Particularmente, para la medicina y la ciencia, fue un descubrimiento central, pues a pesar de que se contaba con otros instrumentos diagnósticos como el estetoscopio descubierto a principios del siglo XIX y con los sentidos que eran la herramienta más inherente del médico, había un nuevo recurso que los complementaba, una nueva forma de fotografía que proporcionaba una mayor objetividad en los resultados y permitía generar hipótesis sobre lo normal y lo patológico (Fig.2).

Contrario a lo que se podría pensar, el proceso de transición que se dio para concederle a los rayos X credibilidad, utilidad clínica-diagnóstica y para volverlos algo rutinario, tuvo altibajos y no fue un resultado inmediato derivado del descubrimiento de Röentgen. Y la Primera Guerra Mundial fue el detonante que permitió la transición tan anhelada por algunos, pues bajo las condiciones de guerra (donde se veían fracturas) los médicos fueron testigos del valor diagnóstico de esa nueva “fotografía del interior”.

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Figura 2: Dr. Luther L. Terry examinando un paciente y una radiografía en el Baltimore Marine Hospital en 1952.

Además, durante la guerra, se lograron avances técnicos de manera casi obligada como las unidades portátiles de rayos x (que debían estar dentro de los campos de guerra) y el uso de películas mucho más livianas (de más fácil adquisición), útiles para plasmar los resultados obtenidos. Posterior a eso, ese nuevo mundo de sombras creció de manera exponencial en la mayoría de países. Por ejemplo, en España gracias a actores como Dorronsoro en Granada, o en Estados Unidos gracias a un elenco amplio de médicos y físicos, se difundió el nuevo método a través de la enseñanza.

La existencia de una nueva tecnología, era de por sí sorprendente, pero el hecho de que cada contexto social, económico e ideológico del momento hubiera acudido a formas para adaptarse a ésta, es aún más sorprendente. Sin duda fue un descubrimiento muy notable, que fue objeto de apropiaciones y usos que acabaron ocupando un lugar privilegiado en la realidad social.

Durante las siguientes décadas, posterior al descubrimiento de los rayos de Röntgen, los hospitales y principales representantes se encargaron de garantizar su aceptación. Así fue como se empezó a estandarizar y automatizar el método de la radiografía, a aumentar su eficacia y disminuir costos, a permitir el surgimiento de una nueva especialidad encargada de ésta (roentólogos/radiólogos), a instruir a quienes la usaban, a disminuir exposiciones riesgosas a la radiación con el uso del plomo y a derivar nuevos usos de ésta, como la tomografía computarizada y la radioterapia. Pero sobretodo, la radiografía permitió que el sentido encargado de la visión fusionado al conocimiento de la técnica, encontrara significados de lo inmediatamente incomprensible y tuviera acceso a antaño inaccesible.

Referencias

Hessenbruch, A. (1995). “X-Rays for Medical Use”. Physics Education, 30(6), 347–355.

Hessenbruch, A. (2002). “A brief history of x-rays”. Endeavour, 26 (4): 137-141.

Howell, J. D. (1991). “Diagnostic technologies: x-rays, electrocardiograms, and CAT scans”. Southern California Law Review, 65(1), 529–564.

Lawrence, G. M. (1999). “X-ray Machine”. En: Bud, R & Warner, D. J. Instruments of Science: An Historical Encyclopedia. New York & London: The Science Museum-The National Museum of American History, Smithsonian Institution-Garland Publishing, p. 670-72.

Medina Doménech, R. M., Olagüe de Ros, G., & Ortiz de Zárate y Melibeo, J. C. (1994). “Ciencia y técnica en la Granada de principios de siglo: El impacto del descubrimiento de los rayos X (1897-1907)”. Llull, 17, 103–117.

Pasveer, B. (1989). “Knowledge of shadows: the introduction of x-ray images in medicine”. Sociology of Health and Illness, 11(4), 360– 381.

Figuras

Figura 1: Tomada de: http://resource.nlm.nih.gov/101598119

Figura 2: Tomada de: http://resource.nlm.nih.gov/101636721


Notas

* Este texto fue producido por la autora en abril de 2017 por encargo del Dr. Morobinski para la Enciclopedia Latinoamericana Biomédica Universal y en el contexto del curso Sociohumanismo I (4° semestre Medicina, Universidad del Rosario).

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