Microscopio, por María Jaramillo

 

El cambio del rol social del microscopio durante el siglo XIX: de objeto de exhibición a herramienta profesional

María Jaramilla Restrepo*

 

Las invenciones, más allá de tener fecha y autor, son influenciadas en gran manera por su contexto social, económico y cultural, es por esto que tienen una historia social. El microscopio, por ejemplo, más allá de su creación en 1590 y de nombres como Zacharias Jansen y Robert Hooke, tiene una historia social creada a partir de la intervención de cientos de personas y filosofías y no de unos cuantos inventores. Así pues, el desarrollo técnico del microscopio tuvo poco que ver con su diseño y más lo tuvo el contexto de la época, pues desde el principio no se vendió como una herramienta profesional sino como un juguete.

Esta historia empieza a mediados del siglo XVII, cuando Robert Hooke, que era el curador de experimentos de la Royal Society de Londres, aprovecha las reuniones semanales de esta Sociedad y sus demostraciones públicas sobre el método experimental para mostrar sus resultados microscópicos, invitando a los filósofos naturales a unirse a sus investigaciones y mostrándoles las imágenes que debían estar viendo. De ahí surgió su famosa publicación Micrographia, que no solo atrajo al público por sus láminas grandes y dramáticas y explicaciones de experimentos, sino que también abrió paso al comercio del microscopio que promocionaba, y al comercio de los fabricantes de instrumentos ópticos (fig. 1). Mientras que algunos alabaron los hallazgos de Hooke y los encontraron prometedores, otros ridiculizaron su interés por los piojos y las pulgas, pues era difícil en la época ver algo relevante más allá de la curiosidad. Mientras que Galileo había demostrado la relevancia del telescopio en relación a las grandes preguntas cosmológicas de la época, fue más complejo hacer lo mismo con las observaciones microscópicas.

Así pues, el microscopio tuvo un gran éxito popular, pero fracasó inicialmente en captar un interés análogo en la filosofía natural, y se utilizó espacialmente para el ocio por mucho tiempo y así encontró su lugar en la vida cultural del siglo XVIII, cuando la filosofía natural se volvió tema de erudición elegante por parte de las élites. Algunos de los libros que en ese contexto circularon ampliamente fueron The microscope made easy, publicado en 1742 por Henry Baker, y Micrographia illustracra, por George Adams en 1746, como obras útiles para principiantes y aficionados. Los fabricantes de la época reconocieron este mercado popular y en eso basaron sus diseños de microscopios; entre ellos se destacan Culpeper, George Adams y Benjamin Martin.

Entre los siglos XVII y XVIII, se desarrolló una filosofía mecanicista, que concebía los fenómenos del mundo natural como interacciones mecánicas de cuerpos diminutos, que constituían el mundo material con cualidades matemáticas. El acceso empírico a ese nivel de indagación vendría potenciado con las mejoras en el diseño de los microscopios. Este fue un argumento que se usó para justificar su uso filosófico-natural. Desde la segunda mitad del siglo XVII, el papel más importante en este ámbito lo jugaron los fabricantes de instrumentos ópticos que competían por introducir soportes nuevos, más convenientes y microscopios elegantes y llamativos. Un microscopio típico de esta época fue el microscopio Prince of Wales (fig. 2), que era elegante y llamativo como para adornar la casa de un hombre de clase alta, pero a la vez para simbolizar un interés en la filosofía natural. Sin embargo, era poco avanzado en términos técnicos. El microscopio solar también se destacó y era una forma de microscopio de proyección, puesto en una ventana para aprovechar el sol como fuente de iluminación. Este instrumento muestra las  características típicas de la enseñanza de la filosofía natural contemporánea sin dejar de ser un símbolo de la curiosidad, espectáculo y elitismo para el cual estaba destinado.  

En la segunda mitad del siglo XIX, el desarrollo del objetivo acromático abrió las puertas para un nuevo potencial técnico del microscopio, que fue explotado por ejemplo, por los miembros de la Sociedad de Microscopía de Londres. Este avance técnico ofrecía una resolución muy mejorada, lo que representaba una nueva oportunidad en el mercado, para ofertarse como herramienta profesional y no solo para principiantes. Esto impulsó que los fabricantes introdujeran magnificaciones mayores, accesorios especializados, mejores arreglos de enfoque y otras mejorías. A pesar de esto, en Inglaterra continuó la dominancia del microscopio para principiantes curiosos, pues los en la ciencia victoriana predominaban los historiadores naturales entusiastas y por ello se produjeron muchísimos microscopios botánicos y de bolsillo. No obstante, se dio paso a que ahora hubiera principiantes serios trabajando con estándares técnicos. La fundación de la Sociedad de Microscopía de Londres en el siglo XIX, es un hecho notable pues tenía como propósito el desarrollo de la ciencia de la microscopía. Además, el hecho de que hubiera una sociedad destinada a un solo objeto más que a una disciplina científica consolidada influenció de manera importante el desarrollo de este instrumento en la Gran Bretaña del siglo XIX. Los fabricantes líderes de la época estaban activamente involucrados en la sociedad, pues era un foro donde podían establecer una reputación y ganar reconocimiento, lo que los motivó a construir microscopios más elaborados. Así, los microscopios se volvieron más complejos y difíciles de usar, y ya no eran para principiantes ociosos sino para profesionales entrenados y expertos.

Otro ejemplo de este movimiento de profesionalización es la propuesta de la Sociedad de Artes, a mediados del siglo XVIII, de un concurso para el diseño de un microscopio barato y práctico, que se lo ganaron Field and Son de Birmingham (fig. 3). Esto representa también el comienzo de un nuevo intento de atender el interés de un profesional estandarizado, que ahora estaba creciendo especialmente entre los médicos. Estaban apareciendo manuales dirigidos a ellos y se les aconsejaba usar los modelos continentales sobre los británicos. Además se había expandido la ciencia y medicina en educación superior, lo que hizo que creciera mucho el mercado y al mismo tiempo que declinara la dominancia británica en este ámbito. Ahora el microscopio entraba a los laboratorios patológicos de los hospitales, reforzado por las nuevas teorías bacteriológicas de la enfermedad. Así en el mercado aumentó la demanda de grandes números de instrumentos profesionales que más convenientes y baratos pero también más precisos. Ahora, en el continente los fabricantes continentales ya tenían métodos de producción en masa de microscopios baratos, mientras que los fabricantes británicos obtenían los más altos premios por sus instrumentos finos y elaborados.

En síntesis, el desarrollo técnico del microscopio fue influenciado de manera importante por las filosofías de la época y por el deseo popular, al principio de las élites europeas y después del creciente interés por este objeto como herramienta profesional médica.

 

Referencias

  1. Bennett, J. A. (1989). “The Social History of the Microscope”. Journal of Microscopy, 155 (3), 267 – 280.
  2. La Berge, A. F. (1999). “The History of Science and the History of Microscopy”. Perspectives on Science, 7 (1), 111 – 142.
  3. Lüthy, C. H. (1995). Matter and microscopes in the 17th century. Harvard University, PhD thesis.
  4. Wilson, C. (1997). The Invisible World: Early Modern Philosophy and the Invention of the Microscope. Princeton: Princeton University Press.

 

Anexo

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Fig. 1. El microscopio ilustrado en Micrographia de Hooke. Imagen extraída de Bennett (1989)

 

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Fig. 2. Microscopio Prince of Wales de Adams. Whipple Museum of the History of Science. . Imagen extraída de Bennett (1989)

 

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Fig. 3. Propaganda de Field and Son de los microscopios de la Sociedad de Artes. Whipple Museum of the History of Science. . Imagen extraída de Bennett (1989)

 

* Este texto fue producido en octubre de 2017 por el autor, para la Enciclopedia Latinoamericana Biomédica Universal editada por el Dr. Arsenio Morobinski, dentro del curso Sociohumanismo I (4° semestre de la carrera de Medicina), impartido en la Universidad del Rosario, Bogotá.

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