pH-metro por Rafael Andrel Mercado

Vínculos entre conocimientos, contactos entre tecnologías: el Medidor de pH Beckman Modelo G

 

Rafael Andrel Mercado

La historia de la tecnología ofrece múltiples ejemplos de artefactos que cruzan fronteras entre diferentes áreas del conocimiento, cuya producción responde a una variedad de intereses conceptuales y materiales y que ejercen un papel activo en la articulación de zonas de contacto y vínculos fluidos entre elementos políticos, económicos y científicos de nuestra sociedad. Como ilustración de esto presentamos aquí la historia del medidor de pH, a partir de un objeto encontrado en el almacén de un museo universitario en Bogotá.

El pH-metro basa su funcionamiento primordial en una pieza (electrodo) que presenta la propiedad de variar sus propiedades eléctricas (su fuerza electromotriz) en función de la concentración de H+. Dichas funciones en conjunto dentro del sistema del medidor de pH son de utilidad ya que hacen posible conocer directamente la concentración de cationes (ion que dispone de carga positiva) de hidrógeno y, por lo tanto, el pH de diferentes sustancias (Alméciga Gómez & Martinez, 2013: 63). Sin embargo, para que dicho proceso y funcionamiento tome sentido y entendamos su relevancia, es necesario entender el recorrido y las bases que permitieron que dicha función pudiera desarrollarse. Eso, con el fin de comprender cómo no necesariamente los grandes descubrimientos e innovaciones tecnológicas no son creaciones épicas de “un genio absoluto”, sino que dependen y se van desarrollando a partir de innumerables influencias que permiten soportar todo hallazgo. 

pH-metro1

Medidor de pH Modelo G de Beckman Instruments Inc, perteneciente a la colección del Museo de Historia de la Medicina Andrés Soriano Lleras, propiedad de la Universidad Nacional. Por la información que se tiene sobre este medidor y la posible función que pudo cumplir dentro del hospital al que perteneció (Hospital San Juan de Dios), es probable que haya sido usado con fines principalmente investigativos. Eso ya que, en dicho establecimiento, junto con la orientación científica de la Universidad Nacional de Colombia, se realizaron las primeras incursiones en investigación científica médica del país. Por ello se le considera como un referente principal dentro de la historia médica nacional por ser el principal centro de salud pública e investigación.

 

Algunos antecedentes de la conceptualización del pH

Antes de las conceptualizaciones teóricas sobre el pH y los medidores, la comprensión que se tenía de los ácidos y las bases pasaba por las clasificaciones que se podían establecer por medio del sabor o el comportamiento con otras sustancias.  En estas circunstancias, los ácidos se reconocían debido a su sabor agrio, mientras que las bases se identificaban porque una solución acuosa tenía una sensación jabonosa o resbaladiza (Jaselskis, Moore, & von Smolinski, 1989: 254). Sin embargo, posteriormente los químicos empezaron a desarrollar otras alternativas para medir la acidez, en el que destaca el método colorimétrico. Esta prueba de acidez o basicidad se basaba en la observación cualitativa del cambio de color que la solución impartía a un pedazo de papel (tornasol) impregnado con un tinte natural, en donde el color azul se refería a las soluciones básicas, mientras que el rojo para las soluciones ácidas (Bohning, 1998: 454). Dichas reacciones se disponían en gráficos codificados por colores que ayudaron al examinador a determinar la acidez de la solución. No obstante, a pesar de ser una prueba barata en la industria química y alimentaria (industria láctea, cervecera o azucarera), era inutilizable en la industria de los cítricos, pues el dióxido de azufre que se agregaba al jugo de cítricos como conservante blanqueaba el tornasol (American Chemical Society, 2018).

El concepto de “pH” fue introducido muy posteriormente al uso de estas sustancias en las determinaciones analíticas. No fue hasta 1887 que se logran consolidar las bases conceptuales que definirían la comprensión del pH gracias a Svante Arrhenius[1] (1859-1937) y su teoría de la ionización de electrolitos, la cual “afirma que las sustancias como las sales se disocian en disolución en electrolitos de carga eléctrica opuesta” (Bertomeu, 2002: 323). En su teoría, Arrhenius dice que la disociación de ciertas sustancias disueltas en agua se apoya en las conclusiones extraídas de las propiedades eléctricas de las mismas sustancias. Para ello, designó como moléculas activas a las que tienen iones independientes el uno del otro en sus movimientos.  A las moléculas restantes, cuyos iones se combinan uno con el otro, las denominó como inactivas. Con estas distinciones, determinó a los ácidos como sustancias químicas que contenían hidrógeno, que disueltas en agua producían una concentración de iones de hidrógeno o protones mayor que la existente en el líquido, entretanto las bases se diferenciaban al ser sustancias que disueltas en agua producían un exceso de iones hidroxilo (OH) (Alméciga Gómez & Martinez, 2013: 45). La importancia de este avance conceptual radica en que se establece una clasificación de las sustancias como ácidas, neutras o básicas según la constante de su disociación electrolítica.

Con el reconocimiento y aceptación de la teoría de Arrhenius como justificación para explicar la acidez y la basicidad en términos de la concentración de iones de hidrógeno, se empezaron a desarrollar avances a partir de dicha noción. A principios del siglo XX, Soren Sorensen (1868-1939), apropiando el aporte de Arrhenius, introdujo la noción de pH como una función logarítmica relacionada con la concentración de cationes de hidrógeno (H+): pH = -log [H+] (Bertomeu, 2002: 323). Gracias a esa fórmula, los números de rango amplio asociados con las soluciones acuosas podrían ser comprimidos en una escala logarítmica, aunque, vale señalar que, debido al signo negativo en la definición del pH, existe una relación inversa entre la concentración de iones de hidrógeno y el pH (Bohning, 1998: 455). Por lo tanto, con la introducción de la escala de acidez permitió definir, cuando el valor de pH es 7, que la disolución es neutra, si es inferior a 7, es ácida, y cuando es mayor a 7, es básica.

Además de las conceptualizaciones y avances teóricos en la definición del pH, el desarrollo de los pH-metros estuvo relacionado con la mejora de los elementos básicos relacionados con ellos, como los galvanómetros de alta sensibilidad, las fuentes electromotrices estandarizadas, las células electroquímicas y electrodos adecuados, entre otros (Bertomeu, 2002: 324). Ejemplo de eso es la medición de la concentración del ion de hidrógeno mediante métodos potenciométricos, los cuales dependían del desarrollo de los elementos básicos de los circuitos potenciométricos, es decir, “detectores de punto cero, galvanómetros de alta sensibilidad, fuentes de potencial estándar y electrodos cuyo potencial variaba en función de la concentración de iones de hidrógeno” (Jaselskis, Moore, & von Smolinski, 1989: 256). Es importante señalar que toda esta serie de nuevos dispositivos eléctricos fueron impulsados y mejorados consecuencia de la creciente demanda procedente del campo de la telecomunicación.

 

Arnold O. Beckman, el acidímetro y el jugo de limón

A pesar de que existían algunas formas para determinar y entender las mediciones de pH, la medición rápida, económica y “precisa” del pH no sería una realidad hasta 1934, cuando Arnold O. Beckman, en ese momento profesor de química analítica en el Instituto Tecnológico de California, fue visitado por su compañero de clase de la Universidad de Illinois, Glen Joseph. Como químico en la Bolsa de Productores de Frutas de California, Joseph encontró difícil medir la acidez del jugo de limón con electrodos de vidrio, como se hacía popularmente en la época. Para solucionar dicha dificultad, Beckman elaboró un “acidímetro” que constaba de un voltímetro de tubo de vacío ensamblado a un dispositivo que utilizaba dos tubos de vacío y un miliamperímetro para medir la pequeña corriente generada por la celda electroquímica y que permitía el uso de electrodos de vidrio de estudio (Bohning, 1998: 456). Meses después, Joseph regresó, pidiendo otro “acidímetro” porque sus colegas seguían tomando prestado el primero, lo que hizo que Beckman se diera cuenta de que, si su colega necesitaba en su modesto laboratorio dicho instrumento, quizás otros químicos también lo necesitarían.

En 1935, con la fundación de lo que se convirtió en Beckman Instruments Inc, su primer invento, el acidímetro se comenzó a comercializar por $195[2] un medidor portátil y robusto que inicialmente fue recibido con poco entusiasmo por químicos o distribuidores de equipos científicos. El acidímetro fue llamado más tarde medidor de pH y rápidamente se convirtió en una herramienta indispensable en la química analítica[3]. La creación de este instrumento, que le valió un lugar en el Salón de la Fama de los Inventores Nacionales en 1987, fue el resultado de una necesidad puntual articulada con el respaldo conceptual de la teoría, pues Beckman dijo una vez: “Cuando uno se enfrenta a la necesidad de hacer algo, eso es un estímulo para la invención. Si [mi compañero] no hubiera venido con su problema de jugo de limón, lo más probable es que nunca hubiera pensado en hacer un medidor de pH” (Beckman Coulter, 2018).

 

Creación, distribución y aplicación del medidor de pH

Con su invento, Beckman empiezo a ganar un lugar en el mundo de la fabricación y distribución de objetos científicos que, por las necesidades del momento, eran clave para la medición de los niveles de acidez en diversos sectores. Entre sus productos, el medidor de pH modelo G se transformó en uno de los primeros éxitos mercantiles desde que comenzó a comercializarlos a partir de 1937. Por la composición y especificación del medidor, el principal destino eran los laboratorios de investigación, ganando prestigio al ser considerado un aparato con gran precisión en la medida del pH y de los potenciales de oxidación-reducción (Bertomeu, 2002: 326). Una de las ventajas estratégicas del producto era la practicidad de su diseño, pues su tamaño y composición le permitían ser transportado y utilizado en diferentes condiciones para calcular con gran precisión la medida del pH y de los potenciales de oxidación- reducción.

La integración de varios principios conceptuales y técnicos que se presentaban en el aparato fabricado por Beckman promovieron la importancia del parámetro que se empleaba para medir la actividad del ion hidrógeno en un medio, lo que permitió que se estableciera como fundamental en muchos campos de la industria y la ciencia. Ejemplo de eso se evidencia en los campos de la bioquímica y la medicina. En estas áreas, la escala pH y la forma de calcularlo con el medidor resultó útil, en especial, en el estudio de los tejidos vivientes que actúan como amortiguadores ante cambios de acidez y alcalinidad (tampón natural), lo cual a larga se estableció como un parámetro usado en la identificación de anomalías en la salud (Alméciga Gómez & Martinez, 2013: 84). El precio de este medidor, que incluía las células, los electrodos y las disoluciones necesarias para su calibración, era de $205, no muy distante del precio del acidímetro previamente distribuido por Beckman, a pesar de sus mejoras técnicas.

Medidor de pH modelo G. El dispositivo fue cerrado en una caja de madera de 12″ de ancho por 8″ de profundidad por 9″ de alto. Tenía un asa de cuero, pero en cuanto a los estándares actuales, apenas era portátil, con un peso de casi 8 kilogramos. El electrodo de referencia y el de vidrio se fijaron a la puerta y se podían utilizar para mediciones en esta posición, pero también era posible retirarlos si era necesario. Foto tomada de Beckman Coulter, Inc.

 

Para el contexto en el que la invención de Beckman entró en distribución, los químicos apenas comenzaban a utilizar instrumentos eléctricos en sus investigaciones, los cuales se caracterizaban por ser aparatosos porque consistían en conectar varios dispositivos entre sí, que luego se colocaban en el banco de trabajo de un laboratorio. Para el caso del producto de Beckman, se logró cambiar esa tendencia, pues no sólo inventó un amplificador innovador por su sensibilidad, sino que además construyó un instrumento integrado. En otras palabras, Beckman descubrió cómo medir el pH con precisión y “también revolucionó la instrumentación al construir el primer instrumento químico en una unidad compacta que utilizaba tecnología electrónica y que era portátil” (American Chemical Society, 2018).

Ahora el químico podía comprar el instrumento, proporcionar una fuente de energía y comenzar inmediatamente a recopilar datos. Por la composición del aparato, su manejo era relativamente sencillo.  Eso gracias a que en este instrumento se empleaba un electrodo de vidrio situado en una caja móvil en la parte delantera, lo que permitía colocarlo con facilidad en la muestra analizada. Con mover el conmutador central calibrado en una escala de pH (“pH dial”) hasta el valor cero en el galvanómetro, el usuario podía modificar el valor de la corriente producida por el circuito eléctrico del pH-metro para anular la producida por el electrodo de la muestra.  De esa forma, cuando el galvanómetro marcaba cero, se consideraba que ambas corrientes eran idénticas y, de este modo, se podía estimar el pH de la muestra (Bertomeu, 2002: 326).

Instrucciones de medidor de pH Modelo G incluidas en la tapa del instrumento (véase primera figura).

 

El medidor de pH como punto de encuentro

Es importante destacar que, además de los antecedentes que precedieron a la conceptualización y precisión sobre lo que es el pH y cómo se interpreta, el medidor fabricado por Beckman (hablando desde la parte tecnológica) no es un objeto enteramente “original” o construido “de la nada”. Eso, precisamente porque parte de la tecnología que se concentra en el medidor de pH y que le permite su funcionamiento es producto de otras incursiones e investigaciones que buscaban responder a otras necesidades y problemáticas. Es decir, en el aparato de Beckman no solo se junta todo aquello que le antecedió a lo que se entendía como pH y su forma de medida, sino que en adición se conectan otras tecnologías que no necesariamente fueron producidas para posteriormente funcionar como base del medidor de pH.

Lo anterior, se puede ver de forma evidente al reconocer que el medidor de pH, al ser un aparato que necesitaba de tener contacto con la electricidad para poder funcionar, tiene su origen remoto en la obra de Alessandro Volta “quien anunció el 20 de marzo de 1800 el descubrimiento de lo que ahora llamamos la célula voltaica” (Moore & Jaselskis, 1998: 33), lo que permitió la apertura de diversas vías de investigación con los cuales el medidor de pH se vincula. Sin embargo, más allá de este detalle general, existen otras áreas del conocimiento y objetos que se encuentran en el descubrimiento del medidor de pH, que no necesariamente son resultado de los intentos de desarrollar y fabricar dicho medidor, sino más bien de responder a otros intereses. Para Moore y Jaselskis, existen tres cursos de ideas que se cruzan en la invención de Beckman, los cuales son: 1) la investigación química de los investigadores interesados en la química ácido-base, en particular en los sistemas biológicos; 2) la trayectoria de aquellos investigadores interesados principalmente en mejorar la calidad de las señales telegráficas; y 3) las investigaciones de la física en el estudio de las propiedades eléctricas de los vidrios.

Por el lado de la investigación química, la fabricación de células (posteriormente usadas por Beckman) tenían como fin la determinación de la concentración de sustancias redox (reducción-oxidación). Estas células contenían un electrodo de referencia, un electrodo indicador y un dispositivo para medir la tensión desarrollada por la célula. En conjunto estos ofrecían “muchas posibilidades a los experimentadores en términos de materiales utilizados y dispositivos construidos, [además de que] la historia de cada componente celular en sí misma es un monumento a la ingeniosidad de los primeros experimentadores” (Moore & Jaselskis, 1998: 33). Ya en el momento de incursión de Beckman, el electrodo de calomel y su correspondiente puente de sal, “ambos desarrollados en el laboratorio de Ostwald, habían sido generalmente aceptados como el dispositivo de media célula más práctico para el estándar de referencia” (Moore & Jaselskis, 1998: 34).

Sin embargo, en la década de 1930, los trabajadores seguían enfrentándose a problemas relacionados con el descubrimiento y fabricación de electrodos indicadores prácticos y al desarrollo de dispositivos de medición de tensión adecuados. Dichas dificultades permitieron a la larga un mayor y mejor desarrollo de electrodos y dispositivos de medición más pequeños, prácticos y precisos, permeando a la vez la investigación de Beckman. Eso se hace evidente con la creación del electrodo de hidrógeno y el de vidrio, pues estos desempeñaron los papeles más significativos en el desarrollo del medidor de pH, siendo al final el electrodo de vidrio el elegido para casi todas las mediciones de pH por su tamaño, exactitud, facilidad de uso y limpieza[4].

En el caso del sector de investigación de las comunicaciones, con el descubrimiento de que las señales telegráficas podían enviarse por cable, se empezaron a desarrollar diversas e intensas investigaciones para observar y comprender el alcance de dicha posibilidad. Con esos esfuerzos, se descubrió que las señales telegráficas necesitaban impulsos de potencia si tenían que viajar largas distancias, lo que “abrió un camino de investigación que produjo una instrumentación de prueba eficiente y dispositivos de refuerzo de señal” (Moore & Jaselskis, 1998: 34). En el curso de esta intensa investigación en comunicaciones, Fleming (1905) descubrió el diodo termoiónico para que dos años más tarde, Lee de Forest descubriera el triodo, el cual permitió hacer posible el medidor de pH de Beckman al integrarlo en los componentes que permitían la medición.

En el área de la investigación Física, las propiedades eléctricas de los vidrios, que empezaron a llamar la atención en torno al desarrollo del frasco de Leyden en la década de 1740, se convirtieron en un importante campo de investigación (Moore & Jaselskis, 1998: 35). Curiosamente, esta vía de investigación del vidrio se cruzó tanto con la de comunicaciones debido a la necesidad de aislantes eficaces, como con el camino principal de la química de la solución debido a sus posibilidades de indicar electrodos para el ion hidrógeno. En estas tres grandes vías de investigación convergieron el interés de la química por soluciones, el de la física por las propiedades eléctricas del vidrio y el de las comunicaciones. Es en este punto de encuentro es en el cual se proporcionó la información científica y la tecnológica necesaria para la fabricación del medidor de pH, el cual logró Beckman con su Modelo G.

A pesar de todo lo anterior, es interesante señalar que el medidor de pH de Beckman tampoco estuvo exento de influir conceptual y tecnológicamente en otros objetos o áreas de conocimiento que no necesariamente tenían que ver con el medidor. Con la fabricación a mediados de los cincuenta del medidor de pH Modelo GS, fue que indirectamente Beckman interfirió en otras industrias. Este medidor era una modificación del modelo G anterior con la introducción de dos nuevos controles de operación (“Duodial” y “Sensitivity Switch”) que permitían trabajar tanto con la sensibilidad del modelo anterior como con una sensibilidad mayor. En esta nueva versión, el pH-metro empleaba un dispositivo que Beckman desarrolló en los años cuarenta y que denominó “Helipot” por “la parte central del aparato que consistía en un alambre metálico en forma espiral de hélice” (Bertomeu, 2002: 327). Aunque inicialmente el Helipot se pensó para los nuevos pH-metros, fue pronto utilizado en la fabricación de radares durante la Segunda Guerra Mundial y en otros aparatos electrónicos, hasta el punto de que, a mediados de los años setenta, cerca de seis millones de piezas habían sido producidas (Bertomeu, 2002: 327). Con esto, se puede entender que el pH-metro es producto del cruce o hibridación entre diferentes áreas de conocimiento, prácticas tecnológicas, campos del saber o espacios profesionales, pero al mismo tiempo fue el catalizador de otros productos también conformados por el contacto entre otras áreas de conocimiento, diversas prácticas y tecnologías.

 

El medidor hoy

Al igual que muchos instrumentos de laboratorio, los medidores de pH han evolucionado en las últimas décadas, conservando aún su estatus como uno de los instrumentos más importantes de un laboratorio químico moderno. A pesar del paso del tiempo, los medidores de pH modernos todavía requieren la inserción de dos electrodos en la solución para hacer medidas. Sin embargo, el avance de la tecnología ha permitido que el hardware (como se les conoce actualmente a las partes físicas tangibles de un sistema informático, eléctrico, electrónico, electromecánico o mecánico) del producto continúe su tendencia hacia la miniaturización. Mientras que el software (como se le define al soporte lógico de un sistema, principalmente informático, que comprende el conjunto de los componentes necesarios que hacen posible la realización de tareas específicas) del aparato puede ser más fácil de desarrollar y utilizar. De lo anterior es que es posible afirmar que actualmente estos medidores son fácilmente calibrados, pueden ser extremadamente portátiles para uso en campo y tienen lecturas digitales estabilizadas.

Aunque la empresa fundada por Beckman no es la única que en la actualidad distribuye medidores de pH, los nuevos instrumentos siguen funcionando según los principios propuestos por este inventor (Bohning, 1998: 456). Además, vale señalar que actualmente la fabricación y comercialización de pH-metros genera altos dividendos económicos, ya que su demanda es constante por su uso en diferentes industrias y centros educativos (Alméciga Gómez & Martinez, 2013: 63). A pesar de los años, a nivel conceptual, es importante señalar que el pH es un factor indispensable para tener en cuenta ya que gran cantidad de procesos químicos industriales requieren de unas condiciones óptimas para ser llevados a cabo eficientemente, dentro de las cuales se incluye el pH como un elemento determinante.

Más allá de las áreas de investigación que se han interesado y han trabajado con el medidor de pH, es importante señalar que este cuenta con relevancia social a pesar de que no se tenga muy claro. Es decir, el medidor de pH se encuentra bastante presente en la vida cotidiana de las personas, aunque estas no tienen contacto directo con el mismo. Muestra de ello son los alimentos o medicinas que se consumen a diario en donde conocer el nivel óptimo del pH se considera vital para mantener la calidad de los alimentos o los efectos deseados en las medicinas. Sin embargo, es necesario señalar que el medidor también puede tener contacto con las personas en su cotidianidad sin necesidad de que deban estar implicadas directamente con las mismas. Como ejemplo de esto, un fragmento del poema del artista Andrew J. McLean, llamado pH Meter, el cual se refiere al suicidio de un colega después de luchar contra una enfermedad terminal, a las emociones de culpa, ira, duda y la relación de esto con la ética médica, es bastante ilustrativo:

Entre la vida de

ácidos y bases, tú,

mi colega médico

no pudo encontrar

equilibrio; una solución

que no sea el aislamiento,

sufriendo en silencio

y morir por tu propia mano

solo en un campo.

 

 

Bibliografía

Alméciga Gómez, A. M., & Martinez, M. M. (2013). pH, Historia de un concepto. análisis en textos de educación superior. Bogotá: Universidad Pedagógica Nacional. Facultad de Ciencia y Tecnología. Departamento de Química.

American Chemical Society. (2018, Mayo 8). National Historic Chemical Landmarks. Recuperado de Development of the Beckman pH Meter: http://www.acs.org/content/acs/en/education/whatischemistry/landmarks/beckman.html

Beckman Coulter. (2018, Mayo 6). Arnold O. Beckman (1900-2004). Recuperado de Beckman Coulter Life Science: https://www.beckman.com/about-us/company-history/arnold-beckman

Beckman Coulter. (2018, Mayo 6). History of Beckman Coulter. Recuperado Beckman Coulter Life Science: https://www.beckman.com/about-us/company-history

Bertomeu, J. R. (2002). pH-metros y otros instrumentos de medida electroquímica. In J. R. Bertomeu, & A. García (Eds.), Abriendo las cajas negras. Colección de instrumentos científicos de la Universitat de València (pp. 323-330). Valencia: La imprenta, Comunicación Gráfica SL.

Bohning, J. (1998). pH Meter. In R. Bud, & D. J. Warner (Eds.), Instruments of science. An Historical Encyclopedia (Vol. 2, pp. 454-456). Taylor & Francis.

Jaselskis, B., Moore, C., & von Smolinski, A. (1989). Development of the pH Meter. In J. Stock, & M. V. Orna (Eds.), Electrochemistry, Past and Present (pp. 254-271). American Chemical Society.

McLean, A. J. (2017). pH Meter. Academic Psychiatry, 41(6), (pp. 769).

Moore, C. E., & Jaselskis, B. (1998). The pH meter, a product of technological crossovers. Bulletin for the History of Chemistry(21), 32-37.

 

Notas

Este trabajo fue desarrollado por el autor en el contexto del curso Patrimonio & Museología impartido en la Universidad del Rosario en el semestre 2018-I

[1] Arrhenius presentó su teoría como su tesis doctoral, titulada “Recherches sur la Conductibilité Galvanique des Electrolytes” (Investigaciones sobre la Conductibilidad Galvánica de los Electrolitos), ante la Academia Sueca de Ciencias el 6 de junio de 1883 (Jaselskis, Moore, & von Smolinski, 1989: 255).

[2] Lo que representaba más de un mes de salario para un químico analítico de la época (Jaselskis, Moore, & von Smolinski, 1989: 270).

[3] La mayoría de los distribuidores eran pesimistas, como Arthur H. Thomas Company en Filadelfia, que estimó que se podrían vender hasta 500 ó 600 instrumentos en un período de diez años. En lugar de dejar caer el proyecto, Beckman continuó fabricando medidores de pH por su cuenta, y en diez años se habían hecho varios cientos de miles sin que cesara la demanda (Jaselskis, Moore, & von Smolinski, 1989: 269).

[4] En el caso del electrodo de hidrógeno, que dependía de una superficie metálica de platino platinado catalítico, había dos grandes dificultades que hicieron que fuera descartado por Beckman. Primero, el electrodo se envenenaba en el sentido catalítico, es decir, se contaminaba fácilmente por muchas cosas. Segundo, el electrodo de hidrógeno se polarizaba fácilmente si la corriente era extraída de la célula. Por lo tanto, el uso de dispositivos que empleaban circuitos de puente requería cantidades significativas de tiempo para cada medición a fin de permitir que el circuito restableciera el equilibrio (Moore & Jaselskis, 1998: 34).

 

 

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