Circuncidador por Gabriel Mejia

La Gomco Bloodless Circumcision Clamp como intermediaria en el ritual de la circuncisión

 

Gabriel Eduardo Mejía Cepeda

 

La circuncisión es una de las técnicas más extendidas tanto cultural, como históricamente a nivel mundial. Resulta increíble pensar cómo una operación de tan poca dificultad y aparentemente simple, ha permeado las prácticas rutinarias y rituales de las sociedades más antiguas hasta las más contemporáneas. Esta prevalencia habla de la importancia del rito en torno a esta y, en particular, en torno al cuerpo del hombre como objeto de ella. Así, históricamente se ha configurado como ritual que constituye al hombre en sociedad, a partir de la experiencia de la circuncisión.

En nuestra contemporaneidad, ese vínculo ritual entre el cuerpo del hombre y la circuncisión se expresa con un sentido transformado. Ahora, lo ritual se expresa de otras maneras y ese vínculo se construye de manera distinta. Es mi pretensión en este texto construir y comprender ese cambio de uso y significado a partir de la biografía de un objeto encontrado en un almacén de museo, perteneciente a las colecciones médicas de la Universidad Nacional de Colombia. La Gomco Bloodless Cincumcision Clamp se presentó como uno de los mejores métodos para realizar este procedimiento, mayoritariamente en Estados Unidos e Inglaterra. A partir de allí, su uso fue generalizado y extendido hasta nuestro presente. En este aparato, a mi parecer, se entretejieron las preocupaciones y necesidades de su tiempo.

Fig. 1: Caja de la Gomco Circumcision Clamp conservada en la Universidad Nacional de Colombia

La Gomco Bloodless Cincumcision Clamp fue inventada en 1934 por Aaron Goldstein y el Doctor Hiram Yellen y patentada en 1940 a nombre de la empresa Goldstein Manufacturing Company (Gomco) en Estados Unidos. Esta, a pesar de entrar a competir con otros métodos como pinzas (clamps) Mogen, Sheldon y el dispositivo Plastibell, pronto cobró mayor importancia, ya que, cumplió con las expectativas y mejoras entorno al procedimiento y, particularmente, para tratar de controlar el sangrado constante que implicaban los otros métodos – aspecto que se enfatiza en el nombre comercial del nuevo instrumento, como se puede apreciar en la tapa de su caja contenedora (véase Fig. 1). [1] El dispositivo consta de cuatro piezas de acero que se juntan para formar la pinza. Consta de una tuerca que gira para asegurar el brazo que tranca el prepucio, además de asegurar la “campana” que cubre y protege el glande. No es más grande que la palma de una mano, por lo que resulta fácil y práctico en su uso. Además, dentro de la caja que lo contiene incluye instrucciones, lo que deja entrever la novedad en el uso de este aparato (véase figura 3).

Fig. 2: Vista ampliada del instrumento, que de hecho cabe en la palma de una mano.

De esta forma, como dije, en él se entretejen las condiciones de su tiempo, es decir, lo propongo como un punto de partida para un cambio en las posibilidades e implicaciones que de este pudieron derivarse. Es importante dejar claro que “la estandarización de este método facilitó la rápida institucionalización de la circuncisión neonatal como procedimiento rutinario en los hospitales”. [2] La conversión de esta práctica en operación rutinaria derivó en la constitución de un paradigma en torno a la circuncisión masculina como una necesidad médica, pero también social. Sin embargo, antes de ahondar en ello, es importante pensar en que, en términos materiales, este objeto no fue revolucionario en tanto a su función, ya que, existían muchos otros, sino que este terminó de tecnificar y refinar la práctica de la circuncisión. Carpenter (2010) utiliza las cifras de Devitt (1979) para ilustrar este panorama en cuanto a que las circuncisiones justo después de nacer aumentaron drásticamente de 36.9% en 1935 a 75.6% en 1944, lo que demuestra la facilidad, pero también la acogida de la Gomco Clamp [3].

Ahora bien, la significación detrás del objeto está dada por la larga historia de la circuncisión. En particular, dos grandes núcleos culturales han tenido a la circuncisión como parte central de la vida del niño, permeadas por sus tradiciones religiosas, que son el Islam y el judaísmo. Estas dos religiones encuentran en esta práctica un ritual de purificación, ya que no permite la acumulación de impurezas debajo del prepucio y como una prueba de relación con su dios. Esta concepción también está presente en otras culturas, por ejemplo, africanas, en donde el rito de la circuncisión representa el paso de la niñez a la adultez.[4] No obstante, en contraposición, la “cultura occidental” ha perdido, a primera vista, esta vinculación religiosa que compromete al circunciso con un papel a jugar en su sociedad y cultura. Aun así, quisiera debatir este aspecto diferenciador más adelante.

Fig. 3: Instrucciones “miniaturizadas” contenidas en la caja de las pinzas Gomco, que reproducen varios artículos científicos sobre éstas, entre los cuáles el publicado por el inventor Hiram Yellen en 1935 en el American Journal of Obstetrics and Gynecology

El desarrollo particular de la circuncisión como práctica exclusivamente médica en Estados Unidos se dio por contribuciones como las del Dr. Sayre cuando se dispuso a tratar la parálisis de un niño mediante la liberación del pene del prepucio. Increíblemente funcionó y coincidió con el desarrollo de nuevas teorías al respecto en Gran Bretaña. Estas nuevas teorías sobre la posibilidad de quitar el prepucio para curar enfermedades, se popularizó y constituyó un cambio en la visión de la circuncisión dentro de la medicina. La aparición de las pinzas Gomco para la circuncisión, si bien no fue el motor único de un cambio que se explica por múltiples factores, sí que jugó un papel relevante en éste, porque la forma en que estas pinzas agarran el pene permitía hacer incisiones más limpias y menos traumáticas, pero también mucho más rápidas. Esta posibilidad también cambió la forma de entender esta práctica como curativa, pues “la circuncisión se convierte no sólo en un tratamiento para los problemas existentes, sino en una intervención preventiva diseñada para prevenir posibles problemas en el futuro”. [5] Además, este cambio hacia la visión preventiva que repercutía en las enfermedades como en la higiene muestra la renovación de la significación cultural entorno a la práctica.[6]

Otro factor que se vio reflejado en las Gomco Clamps fue haberse permeado y conceder la posibilidad de extender los valores morales de la sociedad. La anatomía misma del pene hace que la frotación del prepucio con el glande genere excitación sexual, algo que era considerado un pecado. El niño con una erección era encontrado culpable de “masturbación” por lo que la circuncisión también jugaba un papel de castigo, al que no se lo hubiera realizado, pero también preventorio en cuanto a restringir la posibilidad de liberación sexual en los niños.[7] Esto sin desconocer que si bien existían otros métodos que cumplían la misma función, las nuevas condiciones de facilidad y velocidad en los procedimientos, además del aumento sustancial, evidencia cómo fue posible, también, acrecentar el espectro de influencia de la moral social.

Por último, para retomar el punto que adelanté, hay que pensar en cómo se ponen en conjunto la propagación de los valores morales, junto con la visión preventiva de la medicina, supuestamente alejados de sus funciones rituales originarias. Al igual que en el islamismo y el judaísmo o en las culturas africanas, hay una condición de permeabilidad de la práctica bajo los valores de una sociedad. Si bien es cierto que son condiciones distintas, además de pensarse en tratamientos puramente médicos, más que religiosos, la forma en que se construye la práctica es muy parecida a como se hace en otras culturas, sólo que visto como una traducción a nuestro contexto.

Fig. 4: Otra perspectiva de las pinzas Gomco conservadas en la colección médica de la Universidad Nacional de Colombia

En este sentido, si pensamos en cómo se realiza este ritual, ya que, en la “medicina occidental” es un preparación también para el niño, vemos cómo aquel que auspicia la ceremonia es en este caso un médico, que hace las veces de líder ya no espiritual, sino científico-social. De la misma forma, existe aquel que pasa por el proceso de pérdida. Y es interesante pensar en la materialidad del objeto y el vínculo que genera con el paciente porque resulta de una relación puramente superficial. El metal frío genera sensaciones en la persona, pero que a fin de cuentas sólo está siendo actor pasivo dentro del rito, a diferencia del médico que es quien auspicia, usa y corta a ese actor. Así, pensar en la Gomco Bloodless Circumcision Clamp como ese elemento constitutivo del rito, como mediadora entre el que corta y el que es cortado, es también darle una agencia en el proceso, ya que, es lo que propicia ese momento y, al final, es lo que configura esa intermediación entre los valores y construcciones detrás del rito.

 

Bibliografía

Carpenter L. “On remedicalisation: male circumcision in the United States and Great Britain”. Sociology of Health & Illness, 32, 2010: 613-630.

Darby R., “Targeting patients who cannot object? Re-examining the case for non-therapeutic infant circumcision”. SAGE Open6 (2), 2016. DOI: https://doi.org/10.1177/2158244016649219

Hodges, F., “A short history of the institutionalization of involuntary sexual mutilation in the United States”, in George C. Denniston and Marilyn Milos (eds), Sexual Mutilations: A Human Tragedy (New York: Plenum Press, 1997), pp. 17-40.

Gollaher D., “From ritual to science: the medical transformation of circumcision in America”. Journal of Social History, 28 (1): 5-36, 1994.

Pointer C., “Circumcision: refining a traditional surgical technique”. Journal of Nurse-Midwifery38 (6), 1993: 368-369.

World Health Organization, Male circumcision: global trends and determinants of prevalence, safety and acceptability (Geneva: WHO, 2007).

 

Notas

Este trabajo fue desarrollado por el autor en el contexto del curso Patrimonio & Museología impartido en la Universidad del Rosario en el semestre 2018-I

[1] Chantelle Pointer, “Circumcision: refining a traditional surgical technique”. Journal of Nurse-Midwifery38 (6), 1993: 368-369.

[2] Frederick Hodges,A short history of the institutionalization of involuntary sexual mutilation in the United States”, in George C. Denniston and Marilyn Milos (eds), Sexual Mutilations: A Human Tragedy (New York: Plenum Press, 1997), pp. 17-40.

[3] Laura M. Carpenter, “On remedicalisation: male circumcision in the United States and Great Britain”. Sociology of Health & Illness, 32, 2010: 613-630.

[4] World Health Organization, Male circumcision: global trends and determinants of prevalence, safety and acceptability (Geneva: WHO, 2007).

[5] Robert Darby, “Targeting patients who cannot object? Re-examining the case for non-therapeutic infant circumcision”. SAGE Open6 (2), 2016. DOI: https://doi.org/10.1177/2158244016649219.

[6] D. Gollaher, “From ritual to science: the medical transformation of circumcision in America”. Journal of Social History, 28 (1): 5-36, 1994.

[7] Darby, “Targeting patients”.

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